
Gifting Made Simple
Give the Gift of ChoiceClick below to purchase a Bramalea City Centre eGift Card that can be used at participating retailers at Bramalea City Centre.Purchase HereHome
La noche que volvimos: Sectas
Coles
Loading Inventory...
La noche que volvimos: Sectas in Brampton, ON
By None
Current price: $4.06

Coles
La noche que volvimos: Sectas in Brampton, ON
By None
Current price: $4.06
Loading Inventory...
Size: Kobo eBook
*Product information and pricing may vary - to confirm current pricing, availability, shipping, and return information please contact Coles. In the event of a pricing discrepancy, the retailer's price will apply.
Fue en 2014.
No viajábamos por turismo. Tampoco era una aventura improvisada. Había un plan, bastante concreto, que empezaba cuando volviéramos: una distribuidora con Fernando Susini, algo propio. Para eso yo había vendido mi moto. La idea era juntar lo que pudiéramos y comprar una Kangoo.
Pero antes de todo eso, salimos a la ruta.
Una Honda Tornado blanca, dos arriba, mochilas atadas como se podía y celulares viejos que apenas servían para mandar un mensaje. El recorrido era largo —de Buenos Aires hasta Jujuy— y no sobraba ni la plata ni el margen para equivocarse. Cada parada tenía que tener sentido.
Ese día no lo tuvo.
Nos desviamos sin pensarlo demasiado. El camino de tierra apareció como uno más entre tantos, y lo seguimos. No había señal, no había referencias claras, solo la idea de avanzar y ver hasta dónde llegábamos.
Paramos por agua.
Un arroyo chico al costado del camino, lo suficiente para cortar el viaje un rato. Nada indicaba que hubiera alguien más en ese lugar. Ni casas, ni movimiento. Solo el ruido del motor apagándose y el silencio después.
Ahí fue donde alguien nos habló por primera vez.
En ese momento no parecía importante.
Por eso seguimos.
Fue en 2014.
No viajábamos por turismo. Tampoco era una aventura improvisada. Había un plan, bastante concreto, que empezaba cuando volviéramos: una distribuidora con Fernando Susini, algo propio. Para eso yo había vendido mi moto. La idea era juntar lo que pudiéramos y comprar una Kangoo.
Pero antes de todo eso, salimos a la ruta.
Una Honda Tornado blanca, dos arriba, mochilas atadas como se podía y celulares viejos que apenas servían para mandar un mensaje. El recorrido era largo —de Buenos Aires hasta Jujuy— y no sobraba ni la plata ni el margen para equivocarse. Cada parada tenía que tener sentido.
Ese día no lo tuvo.
Nos desviamos sin pensarlo demasiado. El camino de tierra apareció como uno más entre tantos, y lo seguimos. No había señal, no había referencias claras, solo la idea de avanzar y ver hasta dónde llegábamos.
Paramos por agua.
Un arroyo chico al costado del camino, lo suficiente para cortar el viaje un rato. Nada indicaba que hubiera alguien más en ese lugar. Ni casas, ni movimiento. Solo el ruido del motor apagándose y el silencio después.
Ahí fue donde alguien nos habló por primera vez.
En ese momento no parecía importante.
Por eso seguimos.





















